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El 20 de enero de 2026, en una oficina de San José, el CEO Ramin Shirani firmó los documentos que convertirían a su startup, Ethernovia, en una de las apuestas de capital de riesgo más significativas del año en hardware. La cifra: más de 90 millones de dólares. Los inversores, desde Porsche SE hasta Qualcomm Ventures, no estaban financiando solo otro chip. Estaban comprando una visión radical: que el sistema nervioso de la próxima generación de máquinas inteligentes no será un enjambre de cables especializados, sino una red basada en una tecnología con medio siglo de antigüedad, reinventada. El Ethernet.
Esta inversión masiva es una declaración de guerra contra la complejidad que sofoca la innovación en robótica y vehículos autónomos. Mientras los sensores LiDAR, las cámaras de alta definición y los modelos de IA generan torrentes de datos, las arquitecturas de red heredadas, como CAN o FlexRay, se ahogan. Son lentas, deterministas pero limitadas, y crean un laberinto de cableado que añade peso, costo y fragilidad. Ethernovia propone sustituir ese caos por una tela de datos unificada. Un solo tipo de red, robusta y programable, para gobernarlos a todos.
El concepto trasciende la simple conectividad. Se trata de IA física, un término que la startup emplea con insistencia. No es la IA que genera texto o imágenes en la nube, sino la que debe percibir un obstáculo, calcular una trayectoria y ordenar a un actuador que gire el volante, todo en milisegundos, en el mundo real y con una fiabilidad absoluta. El cuello de botella para escalar esta inteligencia no es siempre el poder de cómputo, sino la capacidad de mover la información donde se necesita, en el momento exacto. Ahora, un chip que soluciona ese problema de una vez por todas.
Imagina un robot humanoide con decenas de sensores, cada uno generando un flujo de datos masivo que debe ser procesado, fusionado y enviado a las articulaciones en tiempo real. Las arquitecturas tradicionales utilizan redes separadas para diferentes funciones: una para los sensores de visión, otra para el control del motor, otra para la comunicación interna. Cada una requiere su propio cableado, sus propios controladores, su propia lógica. El sistema se vuelve pesado, complejo y difícil de escalar.
Aquí es donde entra el concepto de procesador de paquetes de Ethernovia. No es solo un controlador de Ethernet más rápido; es un enrutador de datos de ultra baja latencia programado para priorizar el tráfico crítico. Puede manejar los gigabits por segundo de una cámara de 8K, los datos de un radar de alta resolución y los comandos de control de movimiento, todo en la misma red. La clave es el determinismo: garantizar que un paquete de datos llegue a su destino en un tiempo predecible y extremadamente corto, algo que el Ethernet tradicional no ofrecía para aplicaciones de tiempo real.
Ramin Shirani, CEO de Ethernovia, lo explica con claridad:
La industria entra en la era de la IA física, donde las máquinas deben actuar en el mundo real. Las arquitecturas de red heredadas son el cuello de botella fundamental. Nuestra plataforma elimina estas restricciones, habilitando arquitecturas que escalan la autonomía y simplifican el diseño de sistemas.
Esta simplificación tiene un impacto tangible. En un vehículo autónomo, puede reducir el cableado en decenas de kilogramos, liberando espacio y mejorando la eficiencia energética. En un brazo robótico industrial, permite integrar más sensores de fuerza y visión sin rediseñar toda la electrónica. La red se convierte en una utilidad programable, una columna vertebral sobre la que se pueden desplegar y actualitar funciones de software, incluso de forma remota (OTA).
El campo de batalla inicial de Ethernovia fue, lógicamente, el automóvil. Los vehículos modernos, especialmente los eléctricos y autónomos, son los sistemas robóticos más complejos producidos en masa. Sus requisitos de seguridad son los más estrictos. Si un chip puede cumplir con el estándar ASIL-D de la industria automotriz, puede manejar casi cualquier entorno robótico.
La ronda de financiación Serie B, liderada por Maverick Silicon, marca un punto de inflexión estratégico. Los fondos se destinarán explícitamente a expandir capacidades hacia la robótica y lo industrial. No es un cambio de rumbo, sino una evolución natural. La tecnología central es la misma: una red determinista que actúa como sistema nervioso. Un analista de Socratic Partners, uno de los inversores, lo resume así:
Estamos pasando de una era de dispositivos inteligentes aislados a una de sistemas inteligentes integrados. El valor ya no está solo en el sensor o el actuador, sino en la red que los orquesta. Ethernovia está construyendo los interruptores y enrutadores para el edge computing físico, un mercado que apenas comienza a despegar.
La robótica, desde los drones de entrega hasta los quirúrgicos, enfrenta el mismo dilema: más inteligencia requiere más datos, y más datos requieren mejores carreteras para transportarlos. El enfoque de Ethernovia ofrece una solución escalable y estandarizada. En lugar de que cada fabricante de robots diseñe su propia red propietaria, podrían adoptar una arquitectura basada en Ethernet de alta velocidad, aprovechando economías de escala y un ecosistema de herramientas de desarrollo más amplio.
¿Es esta la muerte de los protocolos especializados? No inmediatamente. Pero la apuesta de 90 millones de dólares sugiere que los grandes capitales creen que su dominio está llegando a su fin. La historia de la tecnología está llena de ejemplos donde una tecnología generalista, suficientemente mejorada, termina desplazando a las soluciones especializadas. El Ethernet en la oficina venció a Token Ring; el USB venció a una miríada de puertos propietarios. Ethernovia y sus respaldadores apuestan a que la misma dinámica se repetirá en el núcleo de las máquinas inteligentes.
El próximo desafío no es solo técnico, sino de adopción. Convencer a los gigantes de la automoción fue el primer paso. Convencer a la diversa y fragmentada industria de la robótica será una tarea diferente. Pero con 90 millones en el banco, tienen munición para la batalla.
La esencia de la propuesta de valor de Ethernovia no reside meramente en la velocidad del Ethernet, sino en la inteligencia con la que gestiona el flujo de datos. Un Ethernet estándar, aunque rápido, no es inherentemente determinista. No garantiza que un paquete crítico de un sensor de colisión llegue antes que un flujo de video de baja prioridad. Ahí es donde entran los procesadores de paquetes, el núcleo de la tecnología de Ethernovia. Estos chips están diseñados para ser el cerebro de la red, capaces de priorizar, enrutar y agregar datos de una manera que las arquitecturas anteriores simplemente no podían.
La idea es sencilla: en un vehículo autónomo, los datos de un sensor LiDAR que detecta un peatón deben llegar al procesador central de decisión con la máxima urgencia. Un flujo de video de la cámara de estacionamiento, aunque importante, puede tolerar una microsegundo más de latencia. Los chips de Ethernovia, al ser programables, permiten a los fabricantes definir estas prioridades con una granularidad sin precedentes. Esto transforma la red de una simple tubería a un sistema inteligente capaz de adaptarse a las demandas cambiantes del entorno.
Según Ramin Shirani, CEO y cofundador de Ethernovia, la industria está en un punto de inflexión. "La industria está entrando en la era de la IA física, donde la inteligencia debe percibir, razonar y actuar en el mundo real con rendimiento predecible y en tiempo real", afirmó Shirani, enfatizando la insuficiencia de las soluciones existentes. "Las redes heredadas en vehículos e industriales nunca fueron diseñadas para cargas de trabajo impulsadas por IA. Sin embargo, nuestra plataforma de procesador de paquetes está diseñada específicamente para eliminar estas limitaciones, permitiendo arquitecturas zonales y centralizadas que escalen la autonomía y simplifiquen dramáticamente el diseño del sistema de vehículos." Es una visión audaz, pero respaldada por la necesidad imperante de la industria.
Esta capacidad de gestionar la latencia y la eficiencia energética no es un lujo, sino una necesidad existencial para la IA física. Si un robot industrial debe operar en un entorno compartido con humanos, la previsibilidad de sus movimientos y la rapidez de su respuesta a estímulos externos son críticas para la seguridad. ¿Podemos realmente confiar la vida humana a una red que no es determinista? La respuesta es un rotundo no, y Ethernovia lo sabe.
La ronda de financiación Serie B de más de 90 millones de dólares, cerrada el 20 de enero de 2026, no fue un mero evento financiero; fue un referéndum sobre la dirección futura de la tecnología autónoma. Liderada por Maverick Silicon, un fondo de IA creado en 2024 por Maverick Capital, la inversión es significativa no solo por su cuantía, sino por los nombres que la respaldan.
Kenneth Safar, director gerente de Maverick Silicon, articuló claramente la motivación detrás de la inversión: "Estamos emocionados de liderar la ronda Serie B de Ethernovia. A medida que los sistemas autónomos se vuelven más complejos, la latencia, la eficiencia energética y la flexibilidad arquitectónica ya no son opcionales, son esenciales. Ethernovia ha reimaginado fundamentalmente el sistema nervioso de máquinas inteligentes con su plataforma de procesamiento de paquetes, resolviendo un cuello de botella crítico en redes automotrices, robótica e IA industrial." Sus palabras no son solo un respaldo, sino una hoja de ruta para la industria, señalando lo que realmente importa en este nuevo paradigma.
La participación de inversores existentes como Porsche SE y Qualcomm Ventures subraya la confianza en la trayectoria de Ethernovia. Porsche SE, la sociedad holding de la familia Porsche, no invierte a la ligera; su interés es un claro indicador de la relevancia de esta tecnología para el futuro de la automoción de alto rendimiento. Qualcomm Ventures, por su parte, tiene un interés estratégico en todo el ecosistema de la IA y la conectividad, desde el borde hasta la nube. Su presencia valida la visión de Ethernovia como un componente clave en la infraestructura de la próxima generación de dispositivos inteligentes.
La entrada de nuevos actores como Socratic Partners, Conduit Capital y CDIB-TEN Capital amplía aún más el espectro de apoyo. Rick Clemmer, socio fundador de Socratic Partners, resumió la situación con una perspicacia notable: Ethernovia aborda "uno de los desafíos de infraestructura más apremiantes para la IA física y de borde hoy en día, permitiendo a los OEM simplificar el diseño del sistema mientras apoyan redes escalables y definidas por software." Esta no es una simple mejora incremental; es una reingeniería fundamental de cómo se construyen y operan los sistemas autónomos.
La promesa de Ethernovia es tentadora: una red unificada, flexible y de alto rendimiento para todas las necesidades de datos de una máquina inteligente. Sin embargo, no está exenta de desafíos ni de una sana dosis de escepticismo. La industria automotriz, en particular, es conocida por su conservadurismo y su aversión al riesgo. Los ciclos de desarrollo son largos, y la certificación de nuevas tecnologías es un proceso arduo y costoso. ¿Serán los fabricantes lo suficientemente ágiles para adoptar una arquitectura tan radicalmente diferente?
Históricamente, la fragmentación de protocolos ha sido la norma, no la excepción. Cada nuevo sensor o actuador a menudo viene con su propio bus de datos optimizado para sus necesidades específicas. Romper con esta tradición y consolidar todo en Ethernet requiere no solo un cambio de hardware, sino un cambio cultural y de procesos de ingeniería. La idea de una "tela de datos unificada" suena ideal en teoría, pero la implementación práctica en sistemas complejos con décadas de desarrollo detrás plantea interrogantes significativos.
Además, aunque Ethernovia promete eficiencia energética, el Ethernet de alta velocidad todavía consume más energía que protocolos de baja velocidad como CAN. En vehículos eléctricos, donde cada vatio cuenta para la autonomía de la batería, este es un factor crítico. Si bien los procesadores de paquetes de Ethernovia optimizan el uso de la red, la conversión completa a Ethernet en todos los subsistemas podría introducir nuevas preocupaciones sobre el consumo energético total del vehículo o robot. La compañía deberá demostrar que sus soluciones no solo son más rápidas, sino también lo suficientemente eficientes para justificar la inversión y el rediseño.
La visión de Ethernovia es, en esencia, la de construir el "sistema nervioso" de las máquinas inteligentes. Pero un sistema nervioso no es solo una red de comunicación; es también una capacidad de procesamiento distribuida y una intrincada interacción entre hardware y software. Ethernovia se enfoca en el movimiento de datos, lo cual es fundamental. Sin embargo, la verdadera revolución de la IA física requerirá una integración sin fisuras de la capacidad de cómputo en el borde de la red, directamente en los sensores y actuadores, una tendencia conocida como edge AI. ¿Cómo se integrará la solución de Ethernovia con esta tendencia emergente? La respuesta a esta pregunta será clave para determinar si su apuesta de 90 millones de dólares es, en última instancia, una victoria decisiva o simplemente un paso más en un camino mucho más largo y complejo. La historia nos ha enseñado que las soluciones más elegantes no siempre son las que prevalecen, especialmente cuando se enfrentan a la inercia de la industria y a los desafíos inesperados de la implementación a gran escala.
La verdadera importancia de la apuesta de Ethernovia no se mide en gigabits por segundo ni en nanosegundos de latencia, sino en un cambio de paradigma más profundo. Su éxito o fracaso definirá si la próxima generación de máquinas inteligentes se construye sobre arquitecturas abiertas y estandarizadas, o si permanece atrapada en un laberinto de protocolos propietarios. Esta batalla por la arquitectura de red es, en el fondo, una batalla por el ritmo mismo de la innovación. Un sistema basado en una tela de datos unificada y programable permite a los ingenieros iterar en software, no en cableado. Permite agregar un nuevo sensor o un nuevo modelo de IA sin rediseñar la electrónica desde cero. La agilidad, ese santo grial de la industria tecnológica, finalmente llega al mundo físico.
Este enfoque tiene el potencial de democratizar el desarrollo robótico de alto nivel. Si la infraestructura de red se convierte en una utilidad confiable y estandarizada, los equipos más pequeños, desde startups hasta laboratorios de investigación, pueden centrar sus recursos en la inteligencia de aplicación, en la algoritmia y en la mecánica, no en resolver problemas de comunicación de baja capa. Un analista de la industria que siguió la ronda de financiación, y que prefirió mantener el anonimato, lo expresó así:
"Lo que están vendiendo no es un componente, es un principio de diseño. Es la idea de que la complejidad debe estar en el software, no soldada en un enjambre de cables. Si tienen éxito, acelerarán la curva de adopción de la IA física en una década."La afirmación puede sonar grandilocuente, pero refleja la magnitud del cambio que se persigue.
La influencia se extiende más allá de la fábrica o la carretera. Piensa en la robótica de logística en almacenes, en los sistemas de agricultura de precisión, en la cirugía asistida por robot. Todos estos dominios sufren de la misma fragmentación. Un estándar de facto en la capa de red, impulsado por un actor como Ethernovia con el respaldo de la automoción, podría crear un efecto de red que unifique ecosistemas dispares. La herencia de Ethernovia, por tanto, podría no ser un logo en un chip, sino la arquitectura subyacente sobre la que se construyan miles de aplicaciones que aún no podemos imaginar.
Sin embargo, ningún análisis serio puede ignorar las nubes en el horizonte. La crítica más obvia es el riesgo de crear un nuevo punto único de fallo. Al consolidar todas las comunicaciones en una red centralizada (aunque sea altamente redundante), se incrementa la superficie de ataque y la criticidad de cualquier fallo en ese subsistema. Un error de software en el procesador de paquetes, o una vulnerabilidad de seguridad explotada, podría teóricamente paralizar todas las funciones de un vehículo o robot, no solo un sistema aislado. La industria automotriz, con su obsesión por la seguridad funcional, examinará este aspecto con un microscopio.
Existe también una paradoja inherente en su propuesta de valor. Ethernovia promete simplificar el diseño del sistema, pero su tecnología es intrínsecamente compleja. La programabilidad de la red, su mayor fortaleza, también es una carga. Requiere nuevos conjuntos de habilidades en los equipos de ingeniería, nuevas herramientas de desarrollo y nuevos procesos de verificación. ¿Realmente simplifica, o simplemente traslada la complejidad de la capa física a la capa de software? La respuesta no está clara y dependerá de la calidad y accesibilidad de las herramientas que Ethernovia proporcione a sus clientes.
Finalmente, está la prueba definitiva: el despliegue en producción a gran escala. Los chips pueden funcionar a la perfección en el banco de pruebas y en prototipos controlados. Pero el mundo real es desordenado, lleno de interferencias electromagnéticas, variaciones extremas de temperatura y vibraciones implacables. La robustez de esta arquitectura de red unificada frente a estas condiciones, día tras día, durante la vida útil de un vehículo que puede superar los diez años, es la única métrica que importará. Hasta que no veamos flotas de robots o vehículos operando con esta tecnología en entornos no controlados, la promesa seguirá siendo solo eso, una promesa respaldada por 90 millones de dólares en capital de riesgo.
Los próximos dieciocho meses serán decisivos. Los fondos de la Serie B están destinados a acelerar el desarrollo y la producción de su próxima generación de chips. Para finales de 2027, Ethernovia necesita demostrar no solo muestras de silicona, sino asociaciones de integración anunciadas públicamente con al menos un fabricante de equipos originales (OEM) de primer nivel en el sector automotriz o robótico. El rumor en la industria sugiere que ya existen compromisos preliminares, pero los nombres permanecen bajo estrictos acuerdos de no divulgación. La revelación de esos nombres, probablemente en algún momento de 2026, será el primer indicador tangible de tracción comercial real más allá del entusiasmo de los inversores.
La predicción es arriesgada, pero la evidencia apunta a una bifurcación. Si Ethernovia supera los obstáculos de certificación y despliegue, su tecnología podría convertirse en el estándar de facto para los sistemas de autonomía de nivel 4 y superior, allanando el camino para una nueva ola de innovación en robótica. Si tropieza, ya sea por problemas técnicos, por la lentitud de la adopción industrial o por la emergencia de un competidor mejor posicionado, su legado podría ser el de un pionero visionario que identificó correctamente el problema pero no logró capturar la solución. En cualquier caso, su apuesta de 90 millones de dólares ya ha reconfigurado la conversación. Ha forzado a toda la industria a mirar más allá del poder de cómputo bruto y a considerar seriamente las carreteras por las que viajan los datos. El sistema nervioso de las máquinas, durante tanto tiempo un afterthought, se ha convertido en el campo de batalla principal. Y la guerra acaba de comenzar.
Desde aquella oficina de San José donde se firmaron los papeles en enero de 2026, la onda expansiva de esa firma sigue viajando, no por cables de cobre, sino por los pasillos de las salas de juntas de Stuttgart, Seúl y Silicon Valley, desafiando a todos a repensar los fundamentos mismos de cómo una máquina piensa y actúa.
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