Boards tagged with: alone

2 boards found

Clear filter

La Infraestructura de IA: Un Puente Inesperado Hacia la Inclusión Tecnológica



En el vertiginoso mundo de la inteligencia artificial, donde los modelos de lenguaje masivos y las redes neuronales profundas dominan los titulares, a menudo pasamos por alto el andamiaje silencioso que sostiene esta revolución: la infraestructura. Pero no se equivoquen, esta red subyacente de chips, servidores, centros de datos y redes no es meramente un facilitador; es el motor inesperado que está redefiniendo la inclusividad tecnológica, democratizando el acceso a capacidades que antes estaban reservadas para unos pocos gigantes.



Pensemos en el costo monumental de construir una "fábrica de IA" moderna, una instalación que consume gigavatios de energía y alberga miles de unidades de procesamiento gráfico (GPU) de vanguardia. En 2026, los proveedores líderes están construyendo estas instalaciones a una escala sin precedentes, con diseños de referencia de NVIDIA validando esta tendencia. Sin embargo, lo que antes habría sido una barrera infranqueable para las pequeñas y medianas empresas o para las naciones con recursos limitados, ahora se transforma en una oportunidad gracias a arquitecturas innovadoras y modelos de acceso compartido. La inteligencia artificial, lejos de ser un lujo, se está convirtiendo en una herramienta esencial, y su infraestructura está rompiendo las cadenas de la exclusividad.



La Nube Híbrida: Un Nuevo Amanecer para el Acceso a la IA



La adopción de la nube híbrida no es una mera preferencia operativa; es una declaración estratégica que subraya la creciente complejidad de la IA y la necesidad de flexibilidad. Un informe de Google de 2025 reveló que el 74% de las organizaciones ahora prefieren enfoques híbridos, combinando infraestructura local con una o varias nubes públicas. Sorprendentemente, solo el 4% se aferra exclusivamente a soluciones on-premises. Esta inclinación masiva hacia la hibridación es particularmente relevante para la inclusividad, ya que permite a las empresas aprovechar la escalabilidad y el poder de cómputo de la nube sin renunciar al control y la soberanía de datos que ofrecen las instalaciones locales.



Históricamente, la barrera de entrada para la IA era el hardware. Las GPUs, esenciales para el entrenamiento de modelos complejos, eran costosas y escasas. Los centros de datos requerían inversiones masivas de capital. Esta realidad excluía a un vasto segmento de innovadores, limitando el progreso a un puñado de corporaciones con bolsillos profundos. Pero el panorama ha cambiado drásticamente. "La infraestructura de IA está impulsando la inclusividad tecnológica al democratizar el acceso a recursos de cómputo potentes mediante nubes híbridas, escalabilidad masiva y arquitecturas optimizadas", explica un análisis reciente de Deloitte, publicado en sus Tech Trends 2026. "Esto permite que empresas de todos los tamaños y regiones participen en IA sin necesidad de inversiones masivas en hardware propio."



La evolución de la infraestructura de IA ha sido una saga de adaptación y superación de límites. Desde los centros de datos tradicionales, limitados por su capacidad y eficiencia energética, hemos transitado hacia ecosistemas centrados en la nube y conscientes de la energía. Esto responde directamente a la complejidad de los modelos avanzados que, simplemente, superan las capacidades de las instalaciones locales típicas. La democratización del poder de cómputo ha sido un factor clave. IREN AI Cloud™, por ejemplo, ofrece grandes clústeres de GPU ubicados en regiones con energías renovables y verticalmente integrados, ofreciendo soluciones escalables que antes eran impensables para las startups o las organizaciones en mercados emergentes.




"La infraestructura de IA está impulsando la inclusividad tecnológica al democratizar el acceso a recursos de cómputo potentes mediante nubes híbridas, escalabilidad masiva y arquitecturas optimizadas, permitiendo que empresas de todos los tamaños y regiones participen en IA sin necesidad de inversiones masivas en hardware propio", afirma un informe de Deloitte de 2026. "Esto reduce barreras históricas como el costo elevado de GPUs y centros de datos, favoreciendo a organizaciones emergentes, regiones con soberanía de datos y aplicaciones en tiempo real."




La soberanía de datos, un concepto que ha ganado tracción significativa en los últimos años debido a regulaciones geopolíticas, también ha impulsado la necesidad de arquitecturas híbridas. Las empresas y los gobiernos, especialmente fuera de Estados Unidos, buscan invertir en "IA soberana", lo que implica el procesamiento y almacenamiento de datos dentro de sus propias fronteras. Esta tendencia fomenta la inclusión al permitir que diversas regiones desarrollen sus propias capacidades de IA sin depender exclusivamente de infraestructuras extranjeras. Además, la sensibilidad a la latencia, crucial en sectores como la manufactura o la exploración petrolera donde milisegundos pueden marcar la diferencia, impulsa soluciones de borde (edge computing) que complementan la nube centralizada, alejándose del dilema binario de "nube versus local".



La Inferencia Dominante y la Caída de Costos: IA al Alcance de Todos



El panorama del gasto en infraestructura de IA está experimentando un cambio sísmico. Tradicionalmente, el entrenamiento de modelos de IA consumía la mayor parte del presupuesto. Sin embargo, las proyecciones para 2026 indican un giro radical: las cargas de trabajo de inferencia, es decir, el uso de modelos ya entrenados para hacer predicciones o clasificaciones, consumirán más del 55% del gasto total en infraestructura optimizada para IA. Esto supera con creces el gasto en entrenamiento. ¿Qué significa esto para la inclusividad? Significa que el acceso a la IA a escala se vuelve mucho más accesible.



Consideremos la dramática caída en los costos de inferencia. En los últimos dos años, estos costos se han desplomado 280 veces. Este dato, asombroso por sí mismo, es un catalizador fundamental para la democratización de la IA. Si el uso de un modelo de IA se vuelve exponencialmente más barato, la barrera económica para su implementación se reduce drásticamente. Pequeñas empresas, startups e incluso desarrolladores individuales pueden integrar capacidades de IA avanzadas en sus productos y servicios sin incurrir en los gastos prohibitivos de antaño. Este fenómeno es un testimonio de la eficiencia lograda en el diseño de chips, la optimización de software y la escala de la infraestructura en la nube.




"En 2026, las cargas de inferencia consumen más del 55% del gasto en infraestructura optimizada para IA, superando el entrenamiento", señala un análisis de Unified AI Hub. "Esto representa un cambio fundamental en cómo se asignan los recursos, haciendo que el acceso y el uso de la IA a gran escala sean mucho más viables para un espectro más amplio de organizaciones, desde grandes corporaciones hasta startups emergentes."




Este cambio hacia la inferencia dominante tiene implicaciones profundas. Ya no es necesario que cada organización entrene sus propios modelos desde cero, un proceso que requiere vastos conjuntos de datos, tiempo y recursos computacionales masivos. En cambio, pueden aprovechar modelos pre-entrenados y optimizados, pagando solo por las operaciones de inferencia que realmente utilizan. Esto no solo abarata el acceso, sino que también acelera la innovación. Las empresas pueden enfocarse en la aplicación de la IA a sus problemas específicos, en lugar de en la ardua tarea de construir la infraestructura subyacente. La democratización del uso de la IA, impulsada por la reducción de costos y el predominio de la inferencia, es un paso gigante hacia un ecosistema tecnológico más equitativo y dinámico.

La Paradoja de la Escala: ¿Democratización o Nueva Centralización?



La narrativa de la democratización de la IA a través de la infraestructura en la nube es poderosa y, en muchos aspectos, veraz. Pero un análisis más profundo de las tendencias actuales revela una paradoja incómoda. Mientras que el acceso al *software* y los modelos de IA se ha simplificado, la propiedad y el control de la *infraestructura física* subyacente se está concentrando a un ritmo alarmante. La promesa de inclusión choca frontalmente con las duras leyes de la economía de escala, la energía y el capital.



El informe más revelador proviene de un análisis de Unified AI Hub sobre los cambios en la infraestructura para 2026. Su conclusión es contundente y socava la idea de una distribución equitativa del poder de cómputo:

"A medida que la economía de inferencia se tensa, la escala importa más, no menos. Los proveedores de menor costo son aquellos con el mejor acceso a energía, las flotas más grandes y las operaciones más eficientes. Esto refuerza la centralización".
Esta afirmación es crucial. No se trata solo de tener dinero para comprar chips; se trata de controlar la cadena de suministro completa, desde la energía hasta el enfriamiento, a una escala gigantesca. La caída de los costos de inferencia, en lugar de nivelar el campo de juego, podría estar consolidando el dominio de unos pocos hiperescaladores que pueden operar con los márgenes más estrechos.

El Cuello de Botella Definitivo: La Energía



Si en la década pasada el cuello de botella eran las GPUs, y hoy son las redes de alta velocidad, el límite fundamental que emerge para 2026 es mucho más básico y difícil de replicar: la energía eléctrica. Los datos son elocuentes. El gasto de capital global en centros de datos para IA alcanzará entre $400,000 y $450,000 millones en 2026, con más de $250,000 a $300,000 millones destinados únicamente a la compra de chips. Estas cifras, recopiladas por analistas de infraestructura, son propias de programas espaciales nacionales, no de mercados abiertos y diversos.



Esta carrera requiere un recurso que no se puede fabricar con la misma rapidez que un semiconductor: energía garantizada y predecible. Un reporte de RCR Wireless sobre las tendencias para 2026 lo deja claro:

"En 2026, el acceso a la energía diferencia a ganadores de rezagados en infraestructura de IA. El capital por sí solo ya no es suficiente".
Las empresas necesitan, según el mismo análisis, "energía asegurada, cronogramas de red predecibles y relaciones sólidas con servicios públicos y reguladores". ¿Qué startup, qué empresa mediana de un país en desarrollo puede competir en ese terreno? Se está creando una nueva clase de barrera de entrada, donde los "rezagados" no son aquellos con peor tecnología, sino aquellos desconectados de la red eléctrica estratégica o de los largos procesos de permisos que pueden tomar hasta una década.

La centralización de la inferencia es otra tendencia que contradice la narrativa de inclusión distribuida. A pesar del bombo publicitario en torno a la IA en el edge (el borde de la red), la realidad económica es tozuda. La inferencia centralizada en grandes centros de datos es, simplemente, mucho más barata. Los costos marginales por operación caen drásticamente cuando se concentran en instalaciones masivas y ultraoptimizadas. Esto significa que, para la gran mayoría de las cargas de trabajo que no requieren una latencia extrema (menos de 10 milisegundos), la opción más económica será siempre enviar los datos a la nube de un gran proveedor. La inclusión, en este escenario, se transforma en dependencia.



La Brecha de Preparación: El Abismo Entre el Hype y la Realidad Operativa



Mientras los proveedores de nube anuncian herramientas cada vez más sofisticadas, una pregunta incómoda persiste: ¿las organizaciones están realmente listas para aprovecharlas? Los datos sugieren que no. Un informe de diciembre de 2025 sobre el estado de la conectividad de datos para IA arrojó una cifra que debería ser un llamado de atención: apenas el 6% de los líderes empresariales considera que la infraestructura de datos de su organización está completamente preparada para la IA.



Este gap masivo entre la ambición y la capacidad operativa es, en sí mismo, un potente factor de exclusión. Las grandes empresas tecnológicas y los actores financiados masivamente por capital de riesgo pueden permitirse equipos especializados para navegar la complejidad de integrar pipelines de datos, gestionar flotas de GPU y optimizar modelos para inferencia eficiente. Para la empresa manufacturera familiar, la cooperativa agrícola o la universidad pública con presupuesto ajustado, este desafío es abrumador. La infraestructura física puede estar disponible en la nube, pero la infraestructura de *talento y procesos* necesaria para usarla efectivamente no está distribuida de manera equitativa.




"Existe una brecha significativa y preocupante entre la hype que rodea a la IA generativa y la preparación real de los datos subyacentes en la mayoría de las organizaciones", señalaba el informe de conectividad de datos de 2025. "Menos del 10% de los encuestados se sienten muy seguros en su capacidad para gestionar los requisitos de datos de la IA actual".


La automatización de los centros de datos a escala de IA, otra tendencia clave, ilustra este punto. Los equipos de TI tradicionales se están transformando, exigiendo habilidades en gestión de GPU, redes de ancho de banda ultra alto y enfriamiento líquido. Este reskilling es costoso y rápido. Aquellos que no puedan seguir el ritmo no quedarán simplemente fuera de la carrera de la IA; quedarán fuera de la gestión de su propia infraestructura digital básica, que se volverá tan compleja que requerirá la externalización total a los mismos gigantes que poseen las nubes. La inclusión tecnológica no se trata solo de acceso al hardware; se trata de soberanía digital y capacidad de agencia. Y en este frente, la balanza se inclina peligrosamente.



Una Crítica Necesaria: El Relato Versus los Hechos



Debemos, por tanto, confrontar una posible disonancia cognitiva. Por un lado, está el relato optimista—y comercialmente conveniente—impulsado por los proveedores de nube: la IA es ahora para todos, solo hay que arrastrar y soltar. Por otro, están los hechos desnudos de los informes de la industria para 2026: centralización reforzada, energía como nuevo campo de batalla geopolítico, y una brecha de preparación que afecta al 94% de las organizaciones.



¿Está la infraestructura de IA haciendo la tecnología más inclusiva? La respuesta es matizada y bifurcada. En el *nivel de aplicación*, indudablemente sí. Un desarrollador en Buenos Aires, una investigadora en Lagos o una pequeña empresa en Sevilla pueden acceder, por unos céntimos, a capacidades de procesamiento de lenguaje o visión por computadora que hace cinco años requerían un laboratorio nacional. Este es un logro monumental. Pero en el *nivel infraestructural y de control*, la tendencia apunta hacia una concentración sin precedentes. El poder de decidir qué modelos se entrenan, en qué datos, con qué energía y bajo qué condiciones económicas, se está consolidando en un puñado de corporaciones y naciones con recursos energéticos y capital político.




"Las predicciones para 2026 anticipan que al menos 50 empresas nativas de IA alcanzarán ingresos anuales recurrentes de $250 millones, mientras que la demanda de energía chocará con limitaciones en la red", apunta un informe de Sapphire Ventures. Este escenario no describe un ecosistema diverso y distribuido, sino uno donde un grupo selecto de empresas "nativas de IA"—inextricablemente vinculadas a la infraestructura de los grandes proveedores—prospera, mientras el sistema energético global se tensiona por su demanda.


La verdadera inclusión tecnológica en la era de la IA no se logrará solo con APIs más baratas. Requerirá un esfuerzo deliberado en tres frentes: políticas que fomenten la diversidad de proveedores de infraestructura y energía renovable distribuida, inversión masiva en educación y capacitación técnica para cerrar la brecha de habilidades, y un debate serio sobre la soberanía de los datos y el cómputo. De lo contrario, corremos el riesgo de construir un futuro donde usar IA sea inclusivo, pero *entenderla, controlarla y poseer sus cimientos* sea el privilegio definitivo de una nueva élite tecnocrática. El año 2026 no será el año de la democratización total, sino el año de la revelación: el momento en que las limitaciones físicas del planeta pondrán a prueba la retórica ilimitada de la inclusión digital.

El Significado Profundo: Reconfigurando la Geopolítica y la Innovación



La verdadera importancia de esta evolución de la infraestructura de IA trasciende por completo los gráficos de costos y los informes de adopción en la nube. Estamos presenciando una reconfiguración fundamental de los pilares sobre los que se construye la innovación tecnológica en el siglo XXI. La batalla por la supremacía en IA ya no se libra únicamente en los algoritmos o en la captura de datos, sino en la capacidad de desplegar y sostener físicamente el poder de cómputo necesario para ejecutarlos. Esto convierte a la energía, el agua para refrigeración y los permisos de construcción en recursos estratégicos tan críticos como lo fue el petróleo en el siglo pasado.



El impacto en la industria es obvio: está forzando una reinvención total de los modelos de negocio de los proveedores de nube y una reevaluación urgente de la resiliencia de la cadena de suministro de semiconductores. Pero el impacto cultural e histórico es más sutil y profundo. Está redefiniendo la noción de "ventaja competitiva". Durante décadas, esta ventaja se basó en el software, el diseño y la agilidad de mercado. Ahora, cada vez más, se basa en lo tangible: megavatios, litros por segundo de agua y relaciones con servicios públicos. Esto representa un giro copernicano para la industria tecnológica, tradicionalmente vista como "ligera" y desmaterializada. La IA la ha anclado, con firmeza y para siempre, en el mundo físico.



"La infraestructura de IA es el nuevo campo de batalla geopolítico", analiza un informe de tendencias tecnológicas de 2026. "Las naciones que puedan garantizar energía estable y asequible, junto con políticas ágiles para el despliegue de centros de datos, no solo albergarán la próxima ola de empresas de IA, sino que definirán los estándares y las normas de su uso global. La inclusión tecnológica futura dependerá, en gran medida, de las decisiones de política energética e industrial que se tomen hoy."


El legado de esta transición será una capa de infraestructura de inteligencia, una utility del siglo XXI, que será tan fundamental para la economía como lo son hoy las redes eléctricas o de transporte. La pregunta histórica que queda por responder es si esta utility será un monopolio natural controlado por unos pocos, o una red diversa y interoperable que permita una verdadera pluralidad de actores. La trayectoria actual, como se detalló en la sección anterior, apunta preocupantemente hacia lo primero. La inclusión, por tanto, se convierte en una carrera contra la inercia de la centralización.



Limitaciones y Controversias Ineludibles



Por más transformadora que sea, la narrativa de la infraestructura de IA como gran igualador tiene grietas profundas que no pueden ignorarse. La crítica más obvia es su insostenibilidad ambiental a escala. Los pronósticos de un gasto de capital de $400-450 mil millones en centros de datos para 2026 no existen en el vacío. Traducen directamente en una demanda masiva de energía, a menudo en regiones donde las redes ya están bajo tensión. La promesa de inclusión tecnológica para algunos podría significar apagones o precios de energía prohibitivos para las comunidades locales que albergan estos "parques de IA". La ética de esta externalidad rara vez se discute en los paneles de las conferencias tecnológicas.



Otro punto débil crucial es la ilusión de acceso. Sí, una startup puede alquilar una GPU en la nube por unos dólares la hora. Pero el conocimiento profundo para optimizar modelos, el talento para diseñar arquitecturas eficientes y la experiencia para negociar contratos complejos con proveedores de nube siguen siendo recursos escasos y costosos. La infraestructura se ha commoditizado en parte, pero la *pericia* no. Esto crea una nueva forma de brecha digital: una brecha de sofisticación operativa. Las organizaciones con equipos dedicados a la plataforma de IA extraerán órdenes de magnitud más valor del mismo dólar de infraestructura que aquellas que simplemente "usan" la nube. La herramienta está disponible, pero el manual de instrucciones avanzado sigue estando bajo llave.



Finalmente, existe una controversia fundamental sobre la soberanía. La tendencia hacia la inferencia centralizada en nubes hiperescalares, impulsada por la economía pura, concentra un poder de procesamiento de información sin precedentes. Cuando la capacidad de analizar los datos de una nación, una industria o una población reside predominantemente en centros de datos físicamente ubicados en otro territorio y bajo otra jurisdicción, se plantean preguntas urgentes sobre la autonomía estratégica. ¿Puede hablarse de verdadera inclusión si la potestad última sobre el cómputo reside en manos extranjeras? Países de la Unión Europea, Oriente Medio y Asia ya están respondiendo con fuertes inversiones en infraestructura soberana, reconociendo que la inclusión sin soberanía es una forma de dependencia tecnológica.



El camino a seguir estará marcado por hitos concretos. El AI Safety Summit programado para finales de 2026 probablemente incluirá la infraestructura física y su gobernanza en la agenda, junto a los debates más abstractos sobre la alineación de los modelos. La conferencia GTC de NVIDIA de marzo de 2027 nos dará la próxima ola de arquitecturas de chips, definiendo el equilibrio de poder entre el entrenamiento y la inferencia para el resto de la década. Y los informes de capacidad de la red eléctrica en estados como Texas, Irlanda o Singapur en 2026 serán documentos más reveladores sobre el futuro de la IA que muchos libros blancos técnicos.



Las predicciones son arriesgadas, pero la evidencia apunta a un año de 2026 definido por la tensión. La demanda de inferencia continuará su crecimiento exponencial, chocando con los límites físicos de la red eléctrica y los ciclos de permisos. Veremos la primera gran adquisición de un proveedor de energía renovable por parte de un gigante tecnológico, no por responsabilidad corporativa, sino por necesidad estratégica de supervivencia. Y, crucialmente, surgirán los primeros modelos de negocio exitosos de "nube soberana" en regiones como Oriente Medio y el Sudeste Asiático, demostrando que hay alternativas viables al oligopolio actual.



Al final, aquellas fábricas de IA de clase gigavatio, esos monumentos de silicio y acero que iniciaron nuestra reflexión, no serán recordadas solo por los modelos que entrenaron. Serán recordadas como los hornos donde se forjó una nueva era de inclusión tecnológica condicional, una era donde el acceso fue ampliamente concedido, pero el control y la soberanía se convirtieron en los bienes más preciados y escasos de todos. La infraestructura abrió la puerta. Quién cruza el umbral, y en qué términos, sigue siendo la cuestión sin resolver.


Autonomia Strategica: La Scommessa di Bruxelles su Ricerca e Potere



Il 21 ottobre 2025, la Commissione europea ha presentato il suo programma di lavoro per l'anno a venire con un titolo che non ammetteva sfumature: "Europe's Independence Moment". Non era una dichiarazione, era un manifesto. Sulla scrivania del Commissario per la Ricerca e l'Innovazione, Iliana Zaharieva, un grafico mostrava la cifra: 14 miliardi di euro. Questo è il budget per Horizon Europe 2026-2027, il più grande programma transnazionale di ricerca al mondo. Ma i soldi, per una volta, sono solo una parte della storia. L'altra è una corsa contro il tempo, contro le pressioni esterne e contro i fantasmi dell'insicurezza che si aggirano per i laboratori e le biblioteche del continente.



L'Unione Europea ha deciso di costruire un muro. Non un muro di cemento, ma un baluardo di conoscenza, tecnologia e norme. Lo chiamano "autonomia strategica". L'obiettivo è chiaro: rendere l'Europa capace di decidere il proprio destino tecnologico, scientifico e industriale senza dipendere, o temere, le mosse di attori globali spesso più agili e spregiudicati. La posta in gioco non è solo la competitività. È la sovranità stessa di un'idea di società aperta che ora scopre le proprie vulnerabilità.



Il Paradosso dell'Apertura: Tra Libertà Accademica e Interferenze



Il fondamento dell'impresa scientifica europea è stato, per decenni, la libertà. La libertà di indagare, di collaborare oltre i confini, di pubblicare. Un principio nobile, che oggi vacilla sotto il peso di un rapporto della Commissione del 2025. Il documento dipinge un quadro preoccupante: episodi di autocensura su temi politicamente sensibili, intimidazioni contro ricercatori, pressioni sul finanziamento pubblico e una burocrazia asfissiante che erode l'indipendenza delle istituzioni. La libertà accademica, pilastro della democrazia, si rivela un punto debole in un mondo di competizione geopolitica brutale.




"Con la libertà accademica arriva la responsabilità accademica. Non possiamo più permetterci un'ingenuità sistemica. Dobbiamo sviluppare una cultura della sicurezza della ricerca che protegga i nostri valori senza rinchiuderci in una torre d'avorio", afferma un alto funzionario della DG Ricerca e Innovazione, che parla a condizione di anonimato a causa della sensibilità del tema.


La risposta di Bruxelles è duplice. Da un lato, raddoppia gli investimenti in programmi come le Marie Skłodowska-Curie Actions, con 1,25 miliardi dedicati a carriere di ricerca internazionali. Dall'altro, prepara strumenti di difesa. Il più atteso è l'European Research Area (ERA) Act, una proposta legislativa che arriverà nel 2026 e che attualmente è in consultazione pubblica fino al 23 gennaio. Il suo scopo? Integrare la sicurezza della ricerca nel tessuto normativo europeo, fornendo un quadro comune per proteggere la proprietà intellettuale, i dati sensibili e l'indipendenza dei ricercatori.



Il Centro di Competenza e la Nuova Frontiera del Rischio



A metà del 2026, all'interno della Commissione, aprirà i battenti il Centro di Competenza sulla Sicurezza della Ricerca. Non sarà un'agenzia di spionaggio, ma un hub di intelligence strategica. Il suo compito è fornire analisi basate su evidenze, creare una comunità di pratica tra gli atenei e sviluppare metodologie per valutare i rischi delle cooperazioni internazionali. L'annuncio è arrivato durante la Conferenza Flagship sulla Sicurezza della Ricerca dell'ottobre 2025, dove la Commissaria Zaharieva ha delineato misure concrete: una piattaforma di due diligence per scansionare i rischi nelle partnership e un toolkit contro le interferenze straniere.



Il principio guida, ripetuto come un mantra nei corridoi di Bruxelles, è "as open as possible, as closed as necessary". Aperta quanto possibile, chiusa quanto necessario. Una formula elegante che nasconde un dilemma spinoso. Dove tracciare la linea? Un progetto di fusione nucleare, una ricerca su materiali avanzati per i chip, uno studio sui digital twin per la sicurezza delle città: questi sono i nuovi campi di battaglia. La cooperazione con paesi terzi, come gli Stati Uniti, rimane possibile e desiderata, ma su nuove basi. Gli americani potranno partecipare a Horizon Europe come Associated Partners self-funded, pagando di tasca propria per accedere alle preziose reti europee.




"L'autonomia non è autarchia. Vogliamo attrarre i migliori talenti del mondo, non respingerli. Ma dobbiamo essere gli architetti delle nostre collaborazioni, non gli ospiti inconsapevoli. La nuova piattaforma di due diligence non è uno strumento di chiusura, ma di apertura consapevole", ha dichiarato Iliana Zaharieva alla conferenza di ottobre.


Questa tensione permea ogni aspetto della nuova strategia. Prendete il Work Programme 2026. Promuove il Clean Industrial Deal, l'Advanced Materials Act e lo European Innovation Act. Tutti puntano a creare una "quinta libertà" europea: la libera circolazione della conoscenza e dell'innovazione. Un obiettivo ambizioso che suona quasi utopico di fronte alla realtà dei fatti. Perché mentre si proclama questa nuova libertà, si erigono anche controlli.



I bandi del 2026-27 riflettono questa doppia anima. Ci sono 294,9 milioni per infrastrutture di ricerca, con 12 topic che apriranno a marzo 2026, focalizzati sulla condivisione dei dati e sui gemelli digitali per salute, clima e sicurezza. Parallelamente, 52 milioni sono già disponibili per riformare il sistema della R&I, finanziando startup accademiche e nuovi modelli di valutazione della ricerca. È un tentativo di modernizzare l'ecosistema dall'interno, rendendolo più agile e attraente per i talenti globali, mentre si fortificano i suoi confini.



La Presidenza di Cipro del Consiglio dell'UE nel 2026 ha già chiarito le sue priorità: semplificazione, competitività, resilienza. E soprattutto, riequilibrare le profonde disparità nella ricerca tra i paesi dell'Europa occidentale e quelli cosiddetti "Widening". A questi ultimi sono destinati 416,5 milioni di euro, con sei bandi in programma a partire dal 2026. Un investimento che non è solo economico, ma geopolitico. Un'Europa della ricerca più coesa è un'Europa strategicamente più autonoma.



La domanda che aleggia, però, è più profonda. Questa transizione verso una ricerca "sicura" e "autonoma" rischia di soffocare lo spirito di serendipità e di libera esplorazione che ha generato le più grandi scoperte? I ricercatori, già oppressi dalla burocrazia dei grant, dovranno ora diventare anche esperti di risk assessment geopolitico? La partita per l'autonomia strategica dell'Unione Europea non si gioca solo nei palazzi delle istituzioni o nei budget miliardari. Si gioca, silenziosamente, nella mente di ogni scienziato che deve decidere su quale progetto lavorare, con chi collaborare, e cosa osare investigare.